ALONSO CARTÚ
La práctica de Alonso Cartú se sitúa en un territorio de intersección entre la arquitectura, la escultura y las artes visuales, donde el pensamiento espacial se traduce en una exploración matérica profundamente sensible. Formado como arquitecto, su obra revela una constante tensión entre estructura y gesto, entre lo construido y lo orgánico, articulando un lenguaje que encuentra en el barro no solo un medio, sino un campo de investigación conceptual.
Desde su primer acercamiento a la cerámica durante sus estudios en París en 2010, Cartú ha desarrollado una relación sostenida con este material, entendiéndolo como un vehículo capaz de contener tanto memoria como transformación. Su formación técnica —que incluye su paso por el taller de Carmen Carrión, el del maestro Alberto Díaz de Cossío, y los cursos del CIDI UNAM— se entrelaza con una búsqueda más amplia por comprender los procesos tradicionales desde una perspectiva contemporánea.
El uso del barro en su obra, constante a lo largo de más de seis años, se despliega como un ejercicio de traducción: de ideas espaciales a formas táctiles, de conceptos abstractos a presencias físicas cargadas de simbolismo. En piezas e instalaciones, como la presentada en 2014 dentro de la campaña de Chrysler, donde articuló una estructura de acero habitada por doscientas manos de cerámica, se evidencia su interés por el cuerpo fragmentado, la repetición y la acumulación como estrategias de significado.
Su exposición individual Corazón al vacío (2014) marcó un momento clave en su trayectoria, al proponer una lectura intersecta entre vida y muerte a través del diálogo entre cerámica y bronce, materiales que en su obra funcionan como polos simbólicos entre lo efímero y lo permanente. Esta dualidad se extiende a su investigación posterior, incluyendo su acercamiento a las técnicas tradicionales japonesas tras su paso por diversas ciudades y talleres en Japón, experiencia que derivó en el proyecto editorial SAKURA: 90 días en Japón.
Entre 2016 y 2017, con la serie HARAJUKU: El llanto asimétrico, presentada en espacios como Galería Oscar Román, Cartú profundizó en una estética donde la delicadeza material convive con intervenciones que incorporan oro, ampliando la dimensión simbólica de sus piezas.
Actualmente, su práctica se expande en un contexto internacional mientras cursa un MFA en Fine Arts en Parsons, Nueva York, consolidando una investigación que, lejos de agotarse en la materialidad, propone una reflexión crítica sobre la permanencia, la transformación y la huella del gesto humano en el tiempo.









